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Chano, en la plaza de Cádiz |
En memoria del torero gaditano
Sebastián Rodríguez Zafra “Chano Rodríguez” reciclo un texto que le dediqué
hace unos años. Fue un torero tocado por los duendes que nos ha dejado
recientemente el pasado mes de abrily que por ser una personalidad muy querida en su Cádiz natal y en
Conil, donde ha vivido muchos años, lo vamos a echar de menos. Chano era uno de
las referencias vivas de la cada vez más perdida vertiente taurina de Cádiz
Sebastián Rodríguez Zafra “Chano
Rodríguez”, del barrio de la Viña. Tenía el don. En otro caso ¿cómo pudo ser
figura novilleril un gaditano que la primera vez que fue a un tentadero ya
hacía tiempo que toreaba con caballos?
Chano Rodríguez era dueño de esa
cualidad que afloraba incluso más de cincuenta años después de vestirse de
luces, cuando a solas, en casa, pega muletazos al aire. Torería. Pero vaya
muletazos. Fue alumno de la Escuela Taurina de la calle Mateo de Alba, una
cochera en la que entrenaba un grupo de chavales gaditanos a finales de los
cuarenta del siglo pasado y que apenas pudo organizar tres festejos en su corta
existencia. Allí un antiguo torero apodado “Chicuelín” enseñaba jóvenes como
los hermanos Villodres, el también recientemente desaparecido Antonio Pica -que
luego sería actor de cine- Francisco Jiménez Álvarez “Pacorrito”, José Ruiz
Calderón “Manteca”, Manuel Irigoyen Roldán quien luego sería presidente del
Cádiz C.F. o los hermanos Rodríguez, Manolo y Chano.
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Pepe Manteca, Chano Rodríguez, Antonio Pica, Juan Pérez y Pacorrito |
Lo de Chano era intuitivo,
innato. Es el caso del torero que nace. En aquellos tiempos el ganado venía por
la playa hacia el Matadero. Chano se orientaba y por la noche, con un carburo y
entre una tropa de aficionados, robaba algún muletazo en las resbalosas
corraletas. Las niñas del vecino y legendario cabaret Casablanca (hoy parte de
su construcción es la última gasolinera de la avenida) les guardaban los trastos de torear bajo la cama. Aquello
era moverse muy cerca de ganado palurdo, con volumen. Pero era poco fundamento
para una carrera profesional.
Curiosamente Chano sumó su primer
triunfo en la plaza de Cádiz como boxeador. Fue la primera vez que pisó el
ruedo. Entrenado por Soriano, ganó un combate al tercer asalto a Acevedo, con
“Pulmones” de árbitro. De allí pasó a Huelva para combatir por el título
nacional, pero lo suyo no era sortear ganchos, lo suyo era burlar la muerte en
la cuna de un toro, muy cerca, la figura compuesta y el muletazo trazado con
mando y arte.
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Chano Rodríguez y Pacorrito |
Por fin debutó Chano en la plaza
de Cádiz en septiembre de 1952. Uno de los tres festejos en que participó la
Escuela Taurina, en cartel con Manuel Irigoyen y José Luis Villodres. Chano
cortó una oreja en la becerrada. El siguiente año se fue Chano a Barcelona
buscando nuevos horizontes. Tras ese único festejo de su etapa de becerrista,
sumó en Olot de Gerona el que sería su único festejo de su etapa de novillero
sin picadores. Encontró a un apoderado, Domingo Fernández, un “francotirador”
de aquellos años que se movían alrededor de las casas importantes con más
habilidad que fuerza. Fernández vio algo en aquel chaval que en Olot se quedaba
quieto, que toreaba despacio con pases de todas marcas y que sorteaba impávido
las tarascadas de los correosos erales. Chano respondió y ya en 1954 Domingo
Fernández le pone a torear con caballos. Corta dos orejas y rabo en Valencia,
un triunfo que le catapulta entre las figuras de la novillería.
Por fin en octubre, con la vitola
de sus resonantes éxitos, se presenta con caballos en Cádiz con un triunfo. Ya
es torero de cartel también en su ciudad donde vuelve en el 55 con otros
novilleros punteros: como Chamaco o Jaime Ostos. A Chano lo llevaban a hombros
hasta el Bar Lucero.
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Chano Rodríguez, en primer agachado de la izquierda, en un partido benéfico en la plaza de toros de Cádiz, con un equipo de periodistas |
Pero hubo dos cuestiones fatales:
quedarse en Cádiz y las cornadas. En la periferia del mundo del toro, Chano
Rodríguez tenía que haber vuelto a Barcelona y Valencia, donde tenía tanto
ambiente que sus seguidores formaron una peña de larga existencia. Chano
toreaba en Valencia, Sevilla, Barcelona, Zaragoza, Málaga, Granada, Alicante y
siempre había una pancarta donde se parapetaban sus peñistas. El Puerto, San
Fernando, Vinaroz o Los Barrios y muchas actuaciones en Francia. Pero no había
un duro. Lo suyo era torear y quedarse quieto pero no había recompensa. Una vez
que fue a Francia sin apoderado, cobró el torero y lo primero que hizo fue
comprarle un abrigo de astracán a su madre.
Dinero no, pero cornadas sí. No
había otra cosa para el que en aquellos años dejaba marcado el número de la
zapatilla en el albero. Seis cornadas: dos en Cádiz, dos en Valencias, una en
Barcelona, una en El Puerto en la novillada de despedida de Mondeño.
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Manuel Irigoyen, Chani Rodríguez y José Luis Villodres, en la plaza de toros de Cádiz en la presentación de Chano. detrás el banderillero Chele. |
Toreando en plazas buenas, las
novilladas eran grandes y duras. Una cornada le quitó de su debut en dos
tardes, jueves y domingo como correspondía a su cartel, en Madrid. Para colmo,
saliente de cornada grave, débil y dolorido, tuvo que torear en Cádiz con
Emilio Oliva y Corbacho. Aquello fue quemar a un novillero. Cádiz perdió una
figura en 1962 y mucho más. Chano se casó en la Merced con su novia de siempre,
del barrio de Santa María y formó una estupenda familia. En 1967, con Chano
funcionando de matador no se hubiera perdido la plaza de toros de Cádiz. Eso
sí, Chano le echó a la vida el temple que había prodigado en el toro y salió
adelante con esfuerzo, tesón y habilidad.
Vivió retirado en Conil de la
Frontera, disfrutando de la fiesta como aficionado añorante del toreo gaditano,
disfrutando de la familia y de una vida de trabajo; y evocando aquellos tiempos
en los que se vestía de oro, aunque al final de su carrera también había
vestido de plata. Estuvo casado con Carmen Romero Varo, hermana del autor de Carnaval Pedro Romero, figura histórico de la comparsa, y fue hermano del Nazareno y de la Sentencia. En Cádiz no se le olvidará, ni mucho menos, ya se le había
dedicado una de las ediciones de la semana cultural taurina que organizaba la
Gestora Pro Plaza de toros multiusos y en 2005 fue nombrado asesor de los
festejos taurinos que se celebraron en los terrenos ociosos de Astilleros con
ocasión de los festejos del Corpus. Todo un honor, para tal señor. Querido
Chano, te vamos a echar de menos, tu sí que mereces una vieja estela romana de
aquellas que aparecían en Puerta Tierra, camino de la plaza de toros: que te
sea la tierra leve torero.
Me encantan tus textos, Curro. Gracias por mantener tu blog y devolverle lustre a figuras antiguas. Un abrazo.
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